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domingo, 8 de abril de 2012

'Titanic', el desastre que fascina un siglo después


BILBAO
YA no queda nadie que viviera aquella noche terrible (la última superviviente, Millvina Dean, falleció en 2009) pero las leyendas continúan alimentado el mito del trasatlántico insumergible. ¿Por qué había tantos icebergs a la deriva en pleno mes de abril? ¿Por qué no los vieron? ¿Se creían indestructibles por ser ricos y viajar en el mejor barco construido nunca? El hundimiento del Titanic supuso más que un naufragio. Marcó el fin de una era y fue un símbolo de la vulnerabilidad humana.


El Titanic zarpó de Southampton (Reino Unido) hacia Nueva York el 10 de abril de 1912. Era el viaje inaugural y a bordo se acomodaban algunos de los miembros más distinguidos de la jet society del momento. Cuatro días después, a la altura de Terranova, justo a las 23.40, en medio de una calma absoluta y una noche estrellada, chocó por estribor con un iceberg. Navegaba con todas las luces encendidas, a toda máquina hacia el desastre, mientras sonaba la orquesta. Con el fallecimiento de 1.517 personas las historias más fantásticas abonaron la fascinación de una tragedia, que cien años después, está lejos de disiparse.
Historias como la del millonario canadiense John Hugo Ross, quien informado del percance en su camarote, pronunció una frase célebre: "Hace falta más que un iceberg para que yo me levante de la cama". Murió ahogado. O la de Ben Guggenheim, quien en traje de etiqueta en la cubierta ladeada, se le atribuye haber afirmado: "Estamos listos para morir como caballeros". Y es que para el viaje inaugural del coloso de los mares se ofrecieron los mejores camarotes a pasajeros de primera clase como los nobles de Nueva York John Jacob Astor IV y su esposa embarazada Madeleine.
El villano por excelencia del naufragio fue Robert Hichens. No solo efectuó el giro de timón que hizo que el Titanic, en vez de chocar de frente (y sufrir daños menos graves), pasara rascando el hielo por los bajos, sino que luego se portó como un canalla en el bote salvavidas que quedó bajo su responsabilidad y se negó a acercarse a recoger supervivientes. O J. Bruce Ismay, el propietario del barco, que se salvó subiéndose a uno de los botes cuando todavía quedaban alrededor de 200 mujeres y niños a bordo, muchos de los cuales se ahogaron.
Una tragedia en la que cientos de personas sucumbieron al horror cuando se dieron cuenta de que no había suficientes botes salvavidas. Al permitir primero que subieran niños y mujeres, fallecieron muchos hombres. Entre ellos Isidor Straus, copropietario de los grandes almacenes Macy's. A su lado su mujer Ida, de 40 años, que decidió que debían morir juntos.
Para el oceanógrafo Robert Ballard, el descubridor de los restos del naufragio, el héroe del Titanic fue Thomas Andrews, su constructor, que viajaba a bordo y que se dio cuenta de que el barco no resistiría. Pronosticó que permanecería dos horas a flote y se puso a ayudar para prorrogar ese plazo y que se salvara el mayor número de gente.
Cientos de pasajeros que lograron subir a los botes salvavidas fueron rescatados por el Carpathia, capitaneado por Arthur Henry Rostron, solo horas después del naufragio. Pero muchos murieron en el helado Atlántico.
SUBASTA DE 5.500 OBJETOS ORIGINALES
Los prismáticos, en venta
Desde que un equipo de científicos dirigidos por Ballard descubriera los restos del naufragio, hace 27 años, a 600 kilómetros de la isla canadiense de Terranova, el barco, que yace a 4.000 metros de profundidad, no solo se ha convertido en centro de estudio, sino también de culto. Gracias a una subasta de 5.500 objetos se descubrirá más sobre su leyenda. Uno de estos objetos son unos prismáticos que pudieron ser los que el vigía del Titanic perdió, lo que le impidió visualizar el iceberg que provocó el hundimiento del transatlántico. Otros ejemplos de esta colección, que se venderá desde el 2 de abril son una pieza del hall del barco, de ocho metros por quince, o un brazalete de oro con un diamante encajado. Algunos son tan curiosos como un tarro de crema para el pelo, que se conserva intacto, un gorro de panadero, un billete de cinco dólares o unas postales compradas en Londres por uno de los pasajeros, que las llevaba de vuelta a Estados Unidos. Estas reliquias están valoradas en 189 millones de dólares.
SE MULTIPLICAN LAS TEORÍAS
El iceberg invisible
El centenario llega cargado de actos, libros e incluso de teorías que inspiran la catástrofe. No en vano, los investigadores llevan cien años tratando de averiguar por qué se hundió un barco considerado insumergible. Hace algún tiempo se conjeturó que el acero con que estaba construido era de mala calidad, lo que facilitó que el hielo le abriera una brecha imposible de superar bajo la línea de flotación.
Ahora circulan dos nuevas hipótesis. La primera asegura que excepcionales condiciones atmosféricas hicieron invisible al iceberg sobre el horizonte hasta que fue demasiado tarde. El historiador Tim Maltin ofrece un apasionante relato en el que la naturaleza montó una trampa letal. "Los dos vigías en la cofa, Frederick Fleet y Reginald Lee eran buenos. No disponían de binoculares, pero en realidad la mejor forma de localizar icebergs de noche en el mar es a simple vista. No fue suficiente, porque el mar y el clima prepararon literalmente un truco de magia, lo que se conoce como un espejismo de aguas frías. En esas circunstancias, el iceberg era invisible".
La otra respuesta al enigma señala que un inusual acercamiento de la luna a la tierra provocó un enorme desprendimiento de icebergs en Groenlandia. Los témpanos avanzaron por el Atlántico más rápido de lo habitual e inundaron la ruta del Titanic, por lo que la colisión era casi inevitable. Los investigadores examinaron si las mareas altas provocaron que se partiesen los glaciares en Groenlandia y se percataron de que para llegar hasta allí en abril, los icebergs tendrían que haberse movido inusualmente rápido y en contra de las corrientes.
Sin embargo, el campo de hielo en la zona del hundimiento del Titanicestaba tan repleto de icebergs que los buques de rescate se vieron obligados a reducir su velocidad. De hecho, las masas de hielo eran tan numerosas que las rutas de navegación se trasladaron muchos kilómetros al sur durante 1912. ¿De dónde llegaron tantos icebergs? Para responder esta cuestión se realizó un detallado estudio cartográfico de la zona de los restos del Titanic con 100.000 fotos tomadas por robots subacuáticos. Y sugieren que la proa giró como las aspas de un helicóptero mientras se hundía el transatlántico, partido en dos, en lugar de caer directamente al fondo.
Y entonces surgió el caos. Gente que gritaba, intentos de rescate en el agua helada, terror, y al final, más de 1.500 muertos en una travesía inolvidable para la humanidad que cambió la historia de la navegación.

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