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martes, 5 de febrero de 2019

Titanic: un lujoso reto al destino

Al construir el Titanic no repararon en gastos para que fuese el más lujoso de su época, y en ese aspecto tal vez sigue siendo el más sofisticado de todos los tiempos. Pero en cuanto a seguridad, sí escatimaron en cosas fundamentales como los botes salvavidas. Porque, con bastante soberbia tecnológica, consideraban que el Titanic era inhundible…


La inversión que se hizo en el barco fue de 7,2 millones de dólares de 1912, que en la actualidad serían unos 180 millones.

Los viajeros de primera clase tenían privilegios muy top. Veamos el caso de una sobreviviente al naufragio, Charlotte Drake Cardeza, que tenía 58 años y era de Philadelphia, Estados Unidos. Viajó con su hijo, dos sirvientes y 14 baúles con pertenencias costosas. Tenía una gran fortuna, originada por los negocios textiles de su padre, y pagó por su pasaje 2.560 dólares, que hoy equivaldrían a unos 61.000. Claro que su suite era una de las dos más lujosas del barco, con una terraza y hasta una cubierta de paseo privada.


Otros lujos de primera eran la piscina de agua salada, cancha de squash, baño turco y un gimnasio equipado con las más modernas máquinas de ejercicios del momento, que incluían un caballo y un camello eléctricos. A la hora de las comidas, la primera clase también se hacía notar. Pocos menús sobrevivieron pero se sabe que en la última cena se sirvió uno de 10 pasos que incluía ostras, salmón, pollo, cordero, pato y dos cortes de carne vacuna para filet mignon y solomillo de ternera.

La noche en que se hundió el Titanic, los Cardeza y sus sirvientes encontraron asiento en un bote salvaidas y fueron rescatados. Meses después, cuando Charlote Cardeza presentó un reclamo por equipaje perdido a la naviera dueña del Titanic, la lista de posesiones tenía 16 páginas escritas a máquina e incluía vestidos, pieles, joyas y 5.500 dólares en efectivo, unos 132.000 de la actualidad. El reclamo total era de 177.000 dólares, unos 4.2 millones.



A diferencia de otros pasajeros menos ricos, o miembros de la tripulación, los Cardeza apenas sintieron el impacto económico del naufragio y siguieron viviendo con un estilo lujoso hasta el día en que murieron.

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