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domingo, 8 de abril de 2012

Descender al Titanic, experiencia mágica que guarda encanto

Es la oscuridad absoluta. Utilizamos proyectores, pero es un poco como las luces de un auto, no llegan muy lejos. El agua es extremadamente fría, entre cero y un grado, y hay corriente más o menos fuerte, explica Paul-Henry Nargeolet.





El francés Paul-Henry Nargeolet formó parte en 1987 de la primera expedición para recuperar objetos del Titanic y desde entonces ha descendido al sitio del naufragio unas treinta veces, sin perder nunca la motivación por esta mágica experiencia.
Este ex miembro del Instituto francés de Investigación Marina y hoy en día responsable de exploración submarina de la compañía RMS Titanic, conoce todos los detalles del lugar donde se encuentran los restos del barco que naufragó en la noche del 14 al 15 de abril de 1912 cerca de Terranova (Canadá) provocando la muerte de 1.500 de sus 2.200 pasajeros.
En una entrevista con la AFP, Nargeolet cuenta con pasión su visión del estrave -el remate de la quilla del navío- "con las cadenas del ancla, los cabrestantes aún brillantes, limpios como si alguien los hubiese lustrado esa misma mañana".
El exmilitar también habla con emoción de los miles de objetos que yacen para siempre en el fondo del océano y de la degradación progresiva de los restos del barco que ha visitado de manera regular desde hace 25 años, la última vez en 2010.
¿Qué se ve en el lugar a 3.800 metros de profundidad donde descansa el barco desde aquella noche trágica en la que impactó de manera fatal contra un iceberg? Es la pregunta que se hace todo el mundo.
"Es la oscuridad absoluta. Utilizamos proyectores, pero es un poco como las luces de un auto, no llegan muy lejos. El agua es extremadamente fría, entre cero y un grado, y hay corriente más o menos fuerte", explica Nargeolet.
La visibilidad varía y "algunos días pareciera que nieva sobre el barco", a raíz de "partículas que descienden en general de la Corriente del Golfo", agrega.
Su recuerdo más fuerte sigue siendo el día de 1987 en el que descubrió por primera vez los restos del mítico transtatlántico de lujo que no llegó a completar su viaje inaugural entre entre Southampton (Gran Bretaña) y Nueva York.
"Éramos tres en el submarino. Durante diez minutos no hubo una palabra. Habitualmente se habla mucho en un submarino, pero la emoción era muy fuerte. Era magnífico", dice.
"Tuvimos la suerte de llegar a la parte delantera, recorrimos el casco. Estábamos seguros de que era el Titanic", continúa.
Al hundirse, el Titanic se partió en dos. Una de ellas literalmente explotó y todo lo que se encontraba allí quedó expuesto.
"Se ve vajilla, piezas mecánicas, las calderas, mucho carbón. Encontramos de todos objetos muy bellos como jarrones, pero también partes del barco completamente retorcidas, plegadas, lo que muestra el impacto que sufrió el casco", detalla.
A lo largo de las expediciones, la más larga de una duración de ocho a nueve semanas, se rescataron unos 5.500 objetos, entre ellos vestimentas, documentos, efectos personales y partes del barco que ahora son expuestos en todo el mundo.
Los momentos de emoción no faltan, como cuando pudo leer una partitura perteneciente a un músico francés que se había conservado en muy buen estado en una valija de cuero.
"También recuperamos cartas escritas a mano, que aún hoy en día se pueden leer", señala.
A la hora de elegir, Nargeolet destaca como sus favoritos una pequeña regadera, un querubín y el impresionante trozo de 20 toneladas del casco recuperado con enormes dificultades.
La degradación del barco continúa de manera inexorable, con efectos "cada vez más visibles", avanzando en la proa, que estaba en mejor estado, hasta "el nivel de la gran escalera" explica. "Los puentes se desploman los unos sobre los otros", grafica.
Pero Paul-Henry Nargeolet sigue fascinado por un tema en el que trabaja desde hace 25 años.
"Me gustan mucho los restos de barcos, sean cuales sean. Me gusta encontrarlos, tirar del hilo y remontar toda una historia", confiesa.
Nargeolet trabaja actualmente con varios investigadores para establecer una cartografía completa en tres dimensiones de los restos del barco, un proyecto de varios años que ya está concluido en un 85%.

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